sábado, 21 de febrero de 2009

Claudio díaz: imperdible!!

El saldo más doloroso que dejó la dictadura de mercado no se percibe tan solo en la enorme cantidad de argentinos eliminados por el poder económico. A eso hay que sumarle el deprimente cuadro de liquidación en que quedaron algunos “productores de ideas” que en este nuevo siglo -abrumados por la presión de las grandes marcas- decidieron tirar la toalla… Son los tristes retazos de un pasado que los tenía abriendo las vidrieras populares con su oferta de lucha y gloria. Viven, todavía respiran. Pero como hombres del pensamiento hoy se encuentran en estado vegetativo. Parecen maniquíes. Y lo más penoso es que se dejan poner el respirador artificial por los autores intelectuales del vaciamiento más atroz de nuestra historia.

Miren cómo terminó Alvaro Abós… El escritor y periodista que pensaba en clave nacional, que reflexionaba sobre “El poder carnívoro” (el de las corporaciones del capitalismo salvaje) y “La columna vertebral” (para remarcar la trascendencia del sindicalismo en la Argentina) ahora se dedica a rastrear cómo consiguió Eichmann un pasaporte para entrar a la Argentina. O se distrae compilando historias del género policial. Banalidades propias del espíritu de estos tiempos que, con todo, no serían el punto más cuestionable. Si hay algo más reprochable es que, cada tanto, Abós se predispone con muchísimas ganas para ir al mausoleo de Mitre a dejarse acariciar por los encantadores de serpientes que envenenan el medio ambiente.

Portarse bien con el establishment… Y prestarse a su juego. De eso se trata. Es la segunda vez en poco más de un año que Abós pone su creatividad al servicio de La Nación. En setiembre de 2007, en vísperas de las elecciones, acuñó para el diario una definición muy celebrada por los académicos liberales: “democracia conyugal”. Se refería a la de los Kirchner, por supuesto. Aquella vez fundamentó la teoría de que la Argentina había ingresado en la era de la monarquía, con el Príncipe Néstor y la Princesa Cristina. Ahora, Abós acaba de avanzar un paso más. Según dice en una entrevista que publicó ese diario el 7 de enero, “estamos en presencia de un cesarismo conyugal”. Y hasta amplía el marco de este nuevo sistema, al que ubica en el período del “paleoperonismo”, que vendría a ser un peronismo antiguo.

¡Qué agudo, qué ingenioso este Abós! En qué consiste ese “modelo” lo explica el mismo con estas palabras: “caudillista, clientelista y demonizador del disidente”. ¡A la pucha!, en una sociedad sana, horizontal, generosa y democrática como la nuestra, ese peronismo de las cavernas se la pasa poniendo trabas para arruinarle la existencia a los argentinos de bien. Un mal endémico que explicaría por qué el progresismo queda sepultado bajo la vetusta idea del movimiento nacional.

¿Qué cazzo es el progresismo?

A esta altura del discurso político en boga cabe la pregunta… ¿Qué corno es el progresismo? Por cierto: convóquese de una vez por todas a politólogos, sociólogos e intelectuales en general al gran debate argentino. Sí, hay que dilucidar el gran enigma nacional… A la espera de definiciones nos arriesgamos a aventurar algunas inquietudes… ¿Será ir a los recitales de Mercedes Sosa?, ¿o apoyar los casamientos entre personas del mismo sexo?... ¿Tal vez creer que las asambleas barriales son el nuevo motor de la revolución social?

Por lo pronto, Abós arrima algunas aproximaciones: en esta Argentina todavía en bolas (una adolescente a la que le quieren sacar rédito las madamas imperiales, los cafishos del poder económico y hasta tarjeteros de publics relations), “el progresismo es el voto electrónico, las internas partidarias y la eliminación de la lista sábana…”. ¡Hop, hop…, maravilloso!; como decía el casto Portal hace dos décadas. Los buitres deben matarse de risa cuando leen las preocupaciones de Abós en su diario de cabecera.

Al igual que muchísimos intelectuales que hace cuatro décadas se llenaban el alma y el cuerpo de revolución, Abós es otro de los que se puso el uniforme de dermatólogo… Sí, se encarga de proteger la sensible piel del establishment. El kirchnerismo le provocó muchos sarpullidos, y el escriba -como parte de esa troupe de leones domados- sale a buscar una crema para suavizar el ardor liberal. Por eso se pone furioso con la posibilidad de que el gobierno compre diarios y canales de TV, tal como le manifiesta a la periodista que lo entrevista. ¡No sea tonto, Abós…! Deje al Grupo Clarín y a La Nación que saquen la cara por sus negocios. ¿Desde cuando cree que el “periodismo independiente” tiene interés en defender a la gente de a pie?

Claramente devaluado como pensador disidente del relato oficial de los ’60 y ’70, hoy Abós analiza la política bajo la matriz de la democracia colonial. Y recurre a una axiología que lo emparenta con esos carcamanes que corren a la historia con la Constitución modelo 1853 en la mano. Así, afirma que “la resistencia peronista luchaba por la vigencia del sufragio, para recuperar la democracia”. Con lo que busca limitar el verdadero alcance que tuvo aquella gesta. Si cientos de miles de argentinos desafiaban entonces la proscripción y la persecución era para recuperar a Perón y a su política que, de más esta decirlo, representaban algo mucho más concreto que la boleta electoral.

También es exiguo cuando recorta al peronismo sólo como “motor para la justicia social”. Contradictorio, imperfecto e impuro (vayan estas caracterizaciones para cierto ideologismo que pretende buscar virginidad de conceptos donde no cabe), lo que este movimiento se propuso y de hecho consiguió fue crear un nuevo sistema político, en ese entonces inédito en la Argentina y aun en varias partes del planeta. Si bien la búsqueda de la justicia social fue el leit motiv de su aparición en el mundo de la posguerra, la idea peronista abarcó un espacio mucho más trascendental, como fue el de concebir una nueva manera de servir a la humanidad.


El quijote de la marcha

Para Perón, el paso del hombre por la tierra debía darse sobre el desarrollo armónico entre el ser y el tener (ahora es nada más que tener); en el disfrute de algunas cosas materiales e incluso en su posesión, pero no más que las imprescindibles, las que se necesitan para asegurar un mínimo de bienestar.

Esa idea sencilla de repartir la riqueza y los bienes para asegurarle a la persona lo indispensable, Perón la llevó a la práctica. Y por eso su actitud y búsqueda política quedará grabada en la historia argentina como la era del Justicialismo. Es que nada lo indignaba más que el egoísmo. Porque el no compartir lleva a la injusticia. Y la lucha por superarla, a la falta de armonía. Que casi siempre termina en la violencia y el desorden, que es lo mismo que decir: en el no disfrute de esas mismas cosas materiales que se desean para todos.

En un tiempo en que las tres cuartas partes de los hombres y las mujeres del mundo no podían decidir su destino por sí mismos, ya que a los pueblos les daban a “elegir” entre la medicina capitalista imperial y la comunista, él rompió con esas falsas opciones y optó por crear un modelo de Nación que fuera dueña de sus actos. Por eso pensaba que si nuestro país, como proyecto que un pueblo se da para existir en la historia política, no era capaz de tomar sus propias decisiones y de construir por sí solo su futuro y su destino, la vida no valía la pena ser vivida. Y llevó adelante esa idea. No sólo para hacer valer el derecho a la independencia y la soberanía que nos asiste como pueblo, sino además por el chantaje al que se veían sometidos los países para cuadrarse ante dos modelos, dos formas de ver la vida patéticamente materialistas y deshumanizadoras, que llevaron a que el hombre deje de ser eso para pasar a convertirse en un número, una ficha en el ajedrez del tablero político, un robot, es decir: la nada.

Abós, que supo beber de esa fuente, ahora apaga su sed con algún trago más sofá. Los desafíos de hoy “son terminar con la pobreza (estamos de acuerdo), modernizar el Estado-dinosaurio (¡¡¡este es el discurso de los 90, con Neustadt y Alsogaray de voceros!!!) y hacer de la cultura y la educación instrumentos de convivencia” (?). De modo que poner en caja a los que producen la pobreza no es importante. Y tampoco poner la cultura y la educación (o sea: la formación de nuestras clases dirigentes, la elaboración de un pensamiento propio y no importado) al servicio de un proyecto que le permita a la Argentina ser libre para ser justa con sus 40 millones de hijos.

Como teorizador del “paleoperonismo” no falta en su examen clínico la referencia a los temibles barones del conurbano. Simpática figura esta de los barones. El mediopelo argentino ya la ha incorporado a su diccionario ilustrado como sinónimo de mafia, puteríos, droga y negociados. No hay barones en la Capital Federal. Tampoco en aquellos distritos bonaerenses donde mandan los duques de la transparencia y el progresismo, como el políticamente correcto Martín Sabbatella. Es que para ser barón se requiere de una condición natural: haber nacido en el peronismo.

Tampoco hay barones en el gran empresariado ni en la oligarquía periodística. Y menos que menos en las embajadas o en las logias que operan en contra de la Argentina. Hasta en eso el kirchnerismo no practica el progresismo. En lugar de juntarse con los sectores de avanzada del modernismo, como hicieron Alfonsín, Menem y la “Alianza para el Progreso” de De la Rúa y Chacho Alvarez, el matrimonio elige de socios para la aventura populista a los impresentables barones del PJ y a los burócratas de la CGT.

Para Abós, el otro problema que afronta el país es que “hay demasiadas voces que casi nadie escucha”. Y debe ser así nomás. Sobre todo si se repara que (entre los que “tienen la palabra”, los que proponen “otro tema”, los que invitan “desde el llano” a escuchar “a dos voces” y a practicar “el juego limpio”, los que tienen “código político” y, en fin, “palabras más, palabras menos…”) la gente, al fin y al cabo, termina escuchando los apocalípticos timbres de voz de siempre: los de Carrió, los de Macri, los de Stolbizer, los de Chiche Duhalde, los de De Narváez, los de Solá, los de Morales, los de Binner… ¿No será, entonces, que el hombre común no quiere oír esas voces porque ninguna lo motiva a creer que realmente quieren hacer algo por él y por el país?

El Abós del siglo XXI, con su denuedo para alcanzar una “democracia plena” (es decir: no kirchnerista), parece un barco viejo y vencido que arroja por la borda, como pesado lastre, la carga nacional que supo llevar hace algunas décadas. En ese sentido, Abós se “alvarizó”; sus ideas se parecen cada vez más a las del otro Alvaro famoso. Y así acaba por pensar como el prócer liberal: la democracia es votar y... esperar, que Dios proveerá. Eso sí que es política representativa y transparente, alternancia en el juego democrático, seguridad jurídica y “Estado serio y responsable”, como sostiene en La Nación.

Nadie asegura, porque la lucha será indudablemente cruel y mucha, que la Argentina algún día deje de estar “conta-minada”: de ideas antinacionales y de las trampas cazabobos que el establishment sembró en el terreno en el que nos movemos. Cuando se pueda empezar a superar ese tramo tal vez llegue el momento de crear otro reglamento que permita la participación de todos los jugadores, no la de los pocos de siempre. Hablamos de otra democracia. Más real, de carne y hueso... Que a Abós y a su clientela puede no gustarles porque es -como había dicho un mes antes de las elecciones de 2007- “conyugal”. Pero que en una de ésas tal vez tenga más encarnadura en la gente si es que se plantea prohijar verdaderos valores de justicia social. Porque la única verdad es que las democracias que supimos parir desde 1983 fueron terriblemente guachas.

reportaje a abós: acá

10 comentarios:

Daniel Mancuso dijo...

lúcido e inteligente (usted compañero, no Abos, claro). Si me permite, quiero felicitarlo afectuosamente por tan esclarecedora mirada sobre la tilinguería intelectual vernácula. Déjeme decirle, usted, como Gardel, cada día canta mejor,
abrazo

patricio dijo...

Daniel:le trasmito a Claudio su comentario.

un abrazo.

guille dijo...

Patricio ,desde hace un tiempito viene derrapando ,le guardaba cierta simpatia porque el perro de mi infancia se llamaba alvaro y por comparacion con el capitan ingeniero ,este tipo lo reivindicaba ,ahora me doy cuenta que el rrope de mi abuba era terrible gorilon.
Saludos.

patricio dijo...

jeje...
como le van a poner Alvaro a un perro?.Alvaro es nombre de gorila..:)

un abrazo guille.

Ana dijo...

Un saludo a Claudio de alguien que lo conoce desde hace años, años.
Ana Maria Barraza
Monte Grande

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
cpm dijo...

patricio lo de Díaz,imperdible...
y permitime contestar algo aparte,por favor..
desde ya que el comentario lo voy a marcar con mi nombre y no escudada en el anonimato

a la presidenta,
cualquier cosa menos parecerse a la madre teresa de calcuta...
a la presidenta,
gracias cris, por lograr que los gringos no pongan ni un peso,
gracias chavez,
por ser negro y hablar mál...
gracias por convertirme en una
idiota a la que convenciste...
gracias a todos los que tuvieron el "idealismo juvenil",
y gracias por hacer que cierta población sana y decente, se fuera del país para años despúes avalar la muerte el secuestro y el robo de bebes entre otras cosas.
si algún día me voy del país, el último lugar al que viajaria, seria a USA.
perdón patricio, pero ante cierta cosas no puedo permanecer indiferente,

patricio dijo...

Ana:saludos.

claudia:excelente respuesta,gracias por evitarme el trabajo de tener que responderle yo,tu respuesta es la mia.

un beso.

guille dijo...

Patricio ,la "carta marielita" la andan
colgando en todos los blogs peronchos.
Volviendo al tema de abos ,digo del perro ,mis abuelos eran radicales intransigentes ,ultraantiperonistas ,pero nac&pop ,antipersonalistas digamos. El rrope era un perro raza perro y vivio 15 años .cargando ese nombre ,pobre.
Saludos.

patricio dijo...

guille:si ya se ,pense que la habia borrado,se me paso, pero ya ta.
volviendo al tema del perro,no importa por que Alvaro nuca se entero
que tuvo un homónimo que era un hijo de puta.
cuando era chico tenia un perro que se llamaba "gani"en honor a no se que puto anillo de Saturno,o algo así era una maza.grandote,cariñoso y bien callejero,una noche tragica lo agarro un 266.me acuerdo como si fuera hoy,ponele yo tendría 6 años,
lo entraron y llamaron al veterinario que lo atendió sobre una mesa que estaba en el patio bajo la parra.no hubo nada que hacer y gani se fue al cielo de los perros,en donde como todos sabemos...lo que sobra son huesos.

un abrazo

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