miércoles, 17 de diciembre de 2008

rico,no es rico.






Militar regular, sin grandes hazañas ni traiciones en su legajo, Aldo Rico era un hombre más del Ejército hasta abril de 1987, cuando junto a un grupo de coroneles y oficiales se acuarteló e inició la primera sublevación militar desde la restauración democrática en 1983.Con sus caras pintadas, aquellos militares buscaban, sobre todo, que el gobierno de Raúl Alfonsín limitara el alcance de los juicios por la represión ilegal desplegada durante la última dictadura.Además de las consecuencias políticas e institucionales, de aquella sublevación quedó para el recuerdo la histórica y equívoca frase Felices Pascuas, la casa está en orden, con la que Alfonsín volvió a la Plaza de Mayo después de negociar con Rico.La sublevación aceleró la sanción de la ley de Obediencia Debida y una fuerte crisis de legitimidad del gobierno de Alfonsín. Rico, al contrario, ganó protagonismo público y liderazgo entre algunos sectores de la oficialidad del Ejército.Así fue como el 17 de enero del 98, Rico y un grupo de militares tomó el Regimiento IV de Monte Caseros. Al día siguiente, se rindió.Los tiempos -y el indulto que le otorgó el presidente Carlos Menem- lo convencieron a Rico de tentar el camino democrático y así fundó su propio partido, el MODIN.Con una fuerte impronta nacionalista y un discurso de mano dura que caló fuerte en sectores del conurbano, Rico aprendió rápido que la política es menos rígida que la milicia. Y en 1994, mientras criticaba a la clase política como un todo, negoció con el gobernador bonaerense Eduardo Duhalde su apoyo a la reforma constitucional provincial que lo habilitó para la reelección.Pero el pacto no quedó allí. En el 95, Rico recibió el apoyo de Duhalde para ganar la intendencia de San Miguel. Con la desocupación y la inseguridad al tope de los reclamos en su intendencia, Rico realimentó su discurso más rígido. Su nombre volvió a los medios: fue en enero de ese año, cuando ordenó a los centros sanitarios de su jurisdicción que no atendieran ningún paciente que no viviera en San Miguel.


compañeros :mi limite es la nausea.

3 comentarios:

Eduardo Real dijo...

Patricio, no sos el único y algunos vemos las luces amarillas cada vez más anaranjado-rojizas, y tenemos las valijas a mitad hacer. Así no se construye. Así se destruye. Por favor, pasá por mi blog para ver cómo se canaliza esta calentura.

Gal dijo...

Y HOY JUSTO PAGINA 12 PUBLICO ESTO:

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-116967-2008-12-18.html


http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-116968-2008-12-18.html


SALUDOS
GAL

patricio dijo...

Eduardo:yo lo tomo como una contradicción de primer orden,osea inaceptable..............
mi postura esta bastante clara al respecto.


gal:que gusto tenerte por aca...
ayer no lei nada,mucho laburo asi que ahora paso y lo leo.


abrazos.

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