sábado, 28 de junio de 2008
DECIA EL MAESTRO..........
Nuestras clases dominantes han procurado que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”. Rodolfo Walsh.
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aprendan payasos..........................
sábado, 21 de junio de 2008
POR OSVALDO BAYER.
Cuando uno lee las noticias de la Argentina, comprueba que la Sociedad Rural acompañada por otras organizaciones, que en conjunto siguen siendo dueños y señores de la tierra (algunos más, otros mucho menos, pero están juntos), hacen un “paro” patronal. La tierra, que significa el pan, que no tendría que pertenecer a nadie sino a todos, es de ellos. Esa tierra que tendría que ser de todos, como la sombra de los árboles en verano, como los caminos, como los ríos, como el derecho a la enseñanza, como el derecho a la salud. Causa hasta vergüenza que ninguno de nuestros gobiernos haya ido a golpear a la puerta de la Sociedad Rural y les haya preguntado: ¿de dónde tienen ustedes la tierra, quién se las otorgó, cómo llegaron a ella? La pregunta que tendríamos que hacerles todos a los estancieros, los latifundistas. ¿Cómo es posible que ningún Congreso nacional en toda su historia haya tratado el tema de los títulos de la propiedad de las pampas increíblemente fértiles e interminables o haya nombrado una comisión que estudiara a fondo cómo llegaron esos señores a la posesión de tales extensiones? No, no se hizo nunca. Se aceptó a libro cerrado esa historia terriblemente injusta y cruel. De eso no se habla. Y todos concurrieron a inaugurar el monumento a Julio Argentino Roca, el que dictaminó la muerte al “salvaje o bárbaro”. Y cómo después va a comenzar el otro capítulo, el de la explotación de los verdaderos trabajadores de la tierra, los “peones en negro”, como es habitual. Peones y sirvientas no entran por la puerta del Derecho.
Es hora de llamarlos a rendir hoy cuentas de cómo sus antepasados obtuvieron esas tierras. Sin ninguna duda, la mayoría fue después de la campaña de Roca, con el exterminio de los habitantes originarios. Lo dice toda la documentación histórica. Fue la Sociedad Rural presidida por José Martínez de Hoz –apellido bien conocido por los argentinos– quien va a apoyar y promover la campaña de Roca, por ejemplo, ofreciéndoles las “mejores caballadas” de los estancieros. Después del genocidio se otorgaron más de 41 millones de hectáreas a 1843 estancieros, entre ellos a la familia Martínez de Hoz, que recibió nada menos que 2.500.000 hectáreas. Y luego en la lista de beneficiarios estaban los Anchorena, Leloir, Temperley, Atucha, Ramos Mejía, Miguens, Unzué, Llavallol, Señorans, Martín y Omar, Real de Azúa, Luro, etc. Todos apellidos de la “aristocracia” de la tierra. El general Roca se quedará con 65.000 hectáreas, para “empezar”, y se otorgarán otras 7.450.000 hectáreas a los militares autores del genocidio. Lo dice el propio Domingo Faustino Sarmiento, en el diario El Censor del 18.XII.1885, textual: “Es necesario llamar a cuenta al presidente y a sus cómplices en estos fraudes inauditos. El presidente Roca, haciendo caso omiso de la ley, cada tantos días remite por camadas a las oficinas del Crédito Publico órdenes directas, sin expedientes ni tramitaciones inútiles, para que suscriba a los agraciados, que son siempre los mismos, centenares de leguas”. Por eso, durante la Década Infame, los conservadores levantaron el monumento a Roca en la Diagonal Sur de la Capital. Y ahí estaban todos, en primera fila los miembros de la Sociedad Rural. El mismo Roca aprobará la Concesión Grünbein, por la cual se otorgaron miles de hectáreas en la Patagonia principalmente a ingleses provenientes de las islas Malvinas. Que financiaron a los “cazadores de indios”. Una libra esterlina por par de orejas de tehuelches. La Sociedad Rural también apoyó firmemente la represión de los peones rurales patagónicos en la matanza de 1921 para no hablar de su influencia en la política de los centros provinciales.
¿Cómo es posible que jamás en la Argentina se haya intentado una reforma agraria? Seguimos aceptando un régimen que pertenece al medievo. Se tiene que dictar una ley poniendo una valla a la posesión, un máximo de hectáreas y dar preeminencia a las cooperativas de productores. Para ello, crear escuelas en cada ciudad del interior de más de cincuenta mil habitantes sobre administración del campo, ciencias agrícolas y ganaderas, para que los hijos de los trabajadores de la tierra puedan ya ser los técnicos futuros del campo.
Nada se arregla ahora con bajar o subir las retenciones, sino que la única solución es democratizar la posesión de la tierra. Y que sean esas mismas cooperativas las que se encarguen de la comercialización de sus productos.
Es lamentable que la Federación Agraria, aquella del Grito de Alcorta, no haya continuado su lucha de hace un siglo y que hoy busque como aliados a quienes están en la vereda de enfrente. Me viene a la memoria el movimiento del campo iniciado por integrantes de la Federación Agraria y apoyado por su diario La Tierra, en febrero de 1975, en el gobierno de Isabel Perón. Las otras organizaciones patronales del campo –Sociedad Rural, Coninagro y Confederaciones Rurales Argentinas– repudiaron las acciones de protesta. También Carbap, a través de su titular, Jorge Aguado, tuvo palabras muy duras contra el citado movimiento. Más tarde, en septiembre, del mismo año, sí, la Federación Agraria se plegó al movimiento de reivindicaciones de las Confederaciones Rurales Argentinas, a la que pertenece Carbap. Por lo que el periódico El Auténtico dirá: “La falta de una adecuada política económica tendiente a garantizar el precio de las cosechas, que hace que los pequeños y medianos productores queden a merced de los grandes monopolios exportadores, explica la decisión de la Federación Agraria de plegarse a una huelga hegemonizada totalmente por la más rancia oligarquía”. Hace treinta y tres años.
El diario La Prensa, por supuesto, apoyó el movimiento de la oligarquía del campo señalando que “De hecho, los gobiernos han mantenido una incoherencia sistemática respecto de la agricultura... que puede expresarse como desprecio por la merecida consideración de esa actividad productiva en el conjunto de los intereses nacionales”. Intereses nacionales.
La verdadera solución llegará cuando se lleve la verdadera democracia a la tierra. Ni terratenientes ni siervos. Que la alimentación de las ciudades no dependa de un triunvirato todopoderoso de los dueños de la tierra. Ojalá que la Iglesia Católica tome como modelo al obispo Angelelli, aquel que dijo en el púlpito, en ocasión de la muerte de un leñador y después de ver con sus propios ojos cómo sus compañeros llevaban el cuerpo sin vida sobre los hombros y lo enterraron así porque no les alcanzaba el dinero para comprar un ataúd: “En qué país vivimos que ni siquiera los leñadores pueden lograr la madera que abrace y contenga a sus seres queridos a la hora de la muerte”.
Al día siguiente, Angelelli yacía sin vida tirado en el suelo de una tierra por la que tanto luchó. Realidades constantes.
Es hora de llamarlos a rendir hoy cuentas de cómo sus antepasados obtuvieron esas tierras. Sin ninguna duda, la mayoría fue después de la campaña de Roca, con el exterminio de los habitantes originarios. Lo dice toda la documentación histórica. Fue la Sociedad Rural presidida por José Martínez de Hoz –apellido bien conocido por los argentinos– quien va a apoyar y promover la campaña de Roca, por ejemplo, ofreciéndoles las “mejores caballadas” de los estancieros. Después del genocidio se otorgaron más de 41 millones de hectáreas a 1843 estancieros, entre ellos a la familia Martínez de Hoz, que recibió nada menos que 2.500.000 hectáreas. Y luego en la lista de beneficiarios estaban los Anchorena, Leloir, Temperley, Atucha, Ramos Mejía, Miguens, Unzué, Llavallol, Señorans, Martín y Omar, Real de Azúa, Luro, etc. Todos apellidos de la “aristocracia” de la tierra. El general Roca se quedará con 65.000 hectáreas, para “empezar”, y se otorgarán otras 7.450.000 hectáreas a los militares autores del genocidio. Lo dice el propio Domingo Faustino Sarmiento, en el diario El Censor del 18.XII.1885, textual: “Es necesario llamar a cuenta al presidente y a sus cómplices en estos fraudes inauditos. El presidente Roca, haciendo caso omiso de la ley, cada tantos días remite por camadas a las oficinas del Crédito Publico órdenes directas, sin expedientes ni tramitaciones inútiles, para que suscriba a los agraciados, que son siempre los mismos, centenares de leguas”. Por eso, durante la Década Infame, los conservadores levantaron el monumento a Roca en la Diagonal Sur de la Capital. Y ahí estaban todos, en primera fila los miembros de la Sociedad Rural. El mismo Roca aprobará la Concesión Grünbein, por la cual se otorgaron miles de hectáreas en la Patagonia principalmente a ingleses provenientes de las islas Malvinas. Que financiaron a los “cazadores de indios”. Una libra esterlina por par de orejas de tehuelches. La Sociedad Rural también apoyó firmemente la represión de los peones rurales patagónicos en la matanza de 1921 para no hablar de su influencia en la política de los centros provinciales.
¿Cómo es posible que jamás en la Argentina se haya intentado una reforma agraria? Seguimos aceptando un régimen que pertenece al medievo. Se tiene que dictar una ley poniendo una valla a la posesión, un máximo de hectáreas y dar preeminencia a las cooperativas de productores. Para ello, crear escuelas en cada ciudad del interior de más de cincuenta mil habitantes sobre administración del campo, ciencias agrícolas y ganaderas, para que los hijos de los trabajadores de la tierra puedan ya ser los técnicos futuros del campo.
Nada se arregla ahora con bajar o subir las retenciones, sino que la única solución es democratizar la posesión de la tierra. Y que sean esas mismas cooperativas las que se encarguen de la comercialización de sus productos.
Es lamentable que la Federación Agraria, aquella del Grito de Alcorta, no haya continuado su lucha de hace un siglo y que hoy busque como aliados a quienes están en la vereda de enfrente. Me viene a la memoria el movimiento del campo iniciado por integrantes de la Federación Agraria y apoyado por su diario La Tierra, en febrero de 1975, en el gobierno de Isabel Perón. Las otras organizaciones patronales del campo –Sociedad Rural, Coninagro y Confederaciones Rurales Argentinas– repudiaron las acciones de protesta. También Carbap, a través de su titular, Jorge Aguado, tuvo palabras muy duras contra el citado movimiento. Más tarde, en septiembre, del mismo año, sí, la Federación Agraria se plegó al movimiento de reivindicaciones de las Confederaciones Rurales Argentinas, a la que pertenece Carbap. Por lo que el periódico El Auténtico dirá: “La falta de una adecuada política económica tendiente a garantizar el precio de las cosechas, que hace que los pequeños y medianos productores queden a merced de los grandes monopolios exportadores, explica la decisión de la Federación Agraria de plegarse a una huelga hegemonizada totalmente por la más rancia oligarquía”. Hace treinta y tres años.
El diario La Prensa, por supuesto, apoyó el movimiento de la oligarquía del campo señalando que “De hecho, los gobiernos han mantenido una incoherencia sistemática respecto de la agricultura... que puede expresarse como desprecio por la merecida consideración de esa actividad productiva en el conjunto de los intereses nacionales”. Intereses nacionales.
La verdadera solución llegará cuando se lleve la verdadera democracia a la tierra. Ni terratenientes ni siervos. Que la alimentación de las ciudades no dependa de un triunvirato todopoderoso de los dueños de la tierra. Ojalá que la Iglesia Católica tome como modelo al obispo Angelelli, aquel que dijo en el púlpito, en ocasión de la muerte de un leñador y después de ver con sus propios ojos cómo sus compañeros llevaban el cuerpo sin vida sobre los hombros y lo enterraron así porque no les alcanzaba el dinero para comprar un ataúd: “En qué país vivimos que ni siquiera los leñadores pueden lograr la madera que abrace y contenga a sus seres queridos a la hora de la muerte”.
Al día siguiente, Angelelli yacía sin vida tirado en el suelo de una tierra por la que tanto luchó. Realidades constantes.
domingo, 1 de junio de 2008
INTERES GENERAL?POR EL PERRO VERBITSKY.
La tensión entre medios y gobiernos es normal y saludable. Como declara Héctor Magnetto en su biografía oficial, El hombre de Clarín, la prensa “no asociada a intereses sectoriales, aquella que intenta representar a las grandes mayorías, resulta un elemento importante para el desarrollo de cualquier proyecto inclusivo”. La cuestión es determinar en qué medida existe tal “prensa no asociada a intereses sectoriales”.
Cuando Néstor Kirchner ganó la presidencia, el diario La Nación sostuvo en su tapa que el país había decidido “darse gobierno por un año”. El lector no sabía que Kirchner acababa de rechazar un pliego de condiciones que le presentó el firmante de ese editorial y subdirector del diario, Claudio Escribano: debía paralizar la revisión de los crímenes de la dictadura y reivindicar a las Fuerzas Armadas por “la lucha contra la subversión”; reunirse con las entidades de empresarios y adoptar medidas excepcionales de seguridad que dieran tranquilidad a la policía en su lucha contra el delito; denunciar las violaciones a los derechos humanos en Cuba, alinearse con los Estados Unidos en forma incondicional y visitar a su embajador. Si ese desayuno fue la salva de aviso, el editorial constituyó el primero de una incesante serie de disparos, encaminados a que la profecía se cumpliera.
Estos serían intereses sectoriales y no mayoritarios, que condicionan una línea editorial y explican una actitud militante. Pero los principales medios tienen también intereses propios, que no explicitan cuando entran en conflicto con “las grandes mayorías”, o al menos con la política de un gobierno elegido por la primera minoría, como prescribe el método democrático. Fuera de la Argentina es poco conocido que los dos grandes diarios del país son socios del Estado en una fábrica de papel: Clarín posee el 43 por ciento de las acciones, La Nación el 28,49 y el Estado Nacional el 28,51. Adquirieron esa participación en Papel Prensa en los meses que siguieron al golpe militar de marzo de 1976. El banquero David Graiver murió en un sospechoso accidente de aviación en agosto; en noviembre, con el beneplácito expreso de la junta militar, ambos diarios adquirieron sus acciones, que quemaban en las manos de los asustados familiares de Graiver. Pese a ello fueron secuestrados por el mismo poder militar con que las empresas periodísticas cerraron aquel trato. Su contador murió en la mesa de torturas, su mujer fue violada, sus demás bienes confiscados, bajo el cargo de haber hecho negocios con Montoneros. Menos sabido aun es que uno de los actuales representantes del Estado Nacional en el directorio es el jefe de gabinete de ministros, una anomalía que pone en evidencia la distorsionada relación entre el Estado y los principales medios.
En la última asamblea de accionistas de 2007, los representantes del Estado observaron el balance. Adujeron que Papel Prensa tenía quebrantos y no cumplía su plan de inversiones porque transfería las utilidades a sus diarios accionistas mediante un precio de venta subsidiado. A raíz del reclamo estatal, en enero de este año la tonelada para los accionistas aumentó un 30 por ciento, que de todos modos se reduce con la bonificación por cantidad y pronto pago a los accionistas. Bastó que el Estado reclamara por las pérdidas que esta política de precios lo obligaba a absorber, para que ambos diarios accionistas y los medios audiovisuales de uno de ellos sesgaran su cobertura periodística en forma ostensible. Esto se tornó extremo a partir del 11 de marzo, cuando los medianos y grandes propietarios agrícolas rechazaron un aumento impositivo de € 800 millones, dispuesto a raíz de las ganancias extraordinarias derivadas de la nueva situación del mercado de alimentos, tema que la próxima semana se tratará en la asamblea mundial de la FAO, a la que asistirán el secretario general de las Naciones Unidas y muchos jefes de Estado, porque profundiza la crisis alimenticia para los más pobres. El ariete del cuestionamiento a la decisión gubernativa fue el suplemento Clarín Rural. Lo que debería constar junto a cada nota de su director, el próspero ingeniero Héctor Huergo, es que tiene interés directo en la cuestión, dado que al mismo tiempo preside la Asociación Argentina de Biodiesel e Hidrógeno. Además, uno de los accionistas de Clarín es el principal exportador argentino de arroz. Clarín y La Nación también son socios en otra empresa, Expoagro, donde presentan sus bienes y servicios los grandes actores del agronegocio, como Monsanto, Cargill, Dreyfus, Syngenta o Bunge. Este año ocupó una superficie de 600 hectáreas, nada más que por venta de entradas se pagaron 800.000 €, allí se concretaron ventas de maquinarias y vehículos por € 110 millones y se acordaron créditos bancarios por € 63 millones. Nada de ello fue informado por ambos diarios-socios del sector en conflicto. Cuando publiqué esta información escribí en PáginaI12 que al Foro de Periodistas Éticos, FOPEA, no le preocupó esta cruda connivencia de intereses. Los colegas de FOPEA me respondieron con preocupación que sí se habían pronunciado: dijeron que tanto las empresas de medios como sus avisadores agropecuarios presionaban a los periodistas para que su cobertura fuera adversa a la posición oficial. Pero ningún medio publicó su comunicado. Como también el gobierno presiona a periodistas en el sentido contrario, se afecta el acceso de la sociedad a la información, “sin que medien intereses particulares que puedan condicionarla”, dijeron los periodistas éticos. El gobierno no se privó de zamarrear a Clarín por su cobertura tendenciosa y el resultado fueron dos caídas paralelas, en la popularidad de la presidente CFK y en la capitalización bursátil de las acciones del Grupo Clarín: en lo que va de este año perdieron el 38 por ciento de su valor. Para la democracia es tan vital la fiscalización del poder por los medios de comunicación como la certeza de que esos medios defienden el interés de las grandes mayorías y no el de sectores con los que están asociados o de los que forman parte.
* Extractado de la ponencia presentada en el seminario sobre medios y democracia, organizado por la FNPI en Madrid.
Cuando Néstor Kirchner ganó la presidencia, el diario La Nación sostuvo en su tapa que el país había decidido “darse gobierno por un año”. El lector no sabía que Kirchner acababa de rechazar un pliego de condiciones que le presentó el firmante de ese editorial y subdirector del diario, Claudio Escribano: debía paralizar la revisión de los crímenes de la dictadura y reivindicar a las Fuerzas Armadas por “la lucha contra la subversión”; reunirse con las entidades de empresarios y adoptar medidas excepcionales de seguridad que dieran tranquilidad a la policía en su lucha contra el delito; denunciar las violaciones a los derechos humanos en Cuba, alinearse con los Estados Unidos en forma incondicional y visitar a su embajador. Si ese desayuno fue la salva de aviso, el editorial constituyó el primero de una incesante serie de disparos, encaminados a que la profecía se cumpliera.
Estos serían intereses sectoriales y no mayoritarios, que condicionan una línea editorial y explican una actitud militante. Pero los principales medios tienen también intereses propios, que no explicitan cuando entran en conflicto con “las grandes mayorías”, o al menos con la política de un gobierno elegido por la primera minoría, como prescribe el método democrático. Fuera de la Argentina es poco conocido que los dos grandes diarios del país son socios del Estado en una fábrica de papel: Clarín posee el 43 por ciento de las acciones, La Nación el 28,49 y el Estado Nacional el 28,51. Adquirieron esa participación en Papel Prensa en los meses que siguieron al golpe militar de marzo de 1976. El banquero David Graiver murió en un sospechoso accidente de aviación en agosto; en noviembre, con el beneplácito expreso de la junta militar, ambos diarios adquirieron sus acciones, que quemaban en las manos de los asustados familiares de Graiver. Pese a ello fueron secuestrados por el mismo poder militar con que las empresas periodísticas cerraron aquel trato. Su contador murió en la mesa de torturas, su mujer fue violada, sus demás bienes confiscados, bajo el cargo de haber hecho negocios con Montoneros. Menos sabido aun es que uno de los actuales representantes del Estado Nacional en el directorio es el jefe de gabinete de ministros, una anomalía que pone en evidencia la distorsionada relación entre el Estado y los principales medios.
En la última asamblea de accionistas de 2007, los representantes del Estado observaron el balance. Adujeron que Papel Prensa tenía quebrantos y no cumplía su plan de inversiones porque transfería las utilidades a sus diarios accionistas mediante un precio de venta subsidiado. A raíz del reclamo estatal, en enero de este año la tonelada para los accionistas aumentó un 30 por ciento, que de todos modos se reduce con la bonificación por cantidad y pronto pago a los accionistas. Bastó que el Estado reclamara por las pérdidas que esta política de precios lo obligaba a absorber, para que ambos diarios accionistas y los medios audiovisuales de uno de ellos sesgaran su cobertura periodística en forma ostensible. Esto se tornó extremo a partir del 11 de marzo, cuando los medianos y grandes propietarios agrícolas rechazaron un aumento impositivo de € 800 millones, dispuesto a raíz de las ganancias extraordinarias derivadas de la nueva situación del mercado de alimentos, tema que la próxima semana se tratará en la asamblea mundial de la FAO, a la que asistirán el secretario general de las Naciones Unidas y muchos jefes de Estado, porque profundiza la crisis alimenticia para los más pobres. El ariete del cuestionamiento a la decisión gubernativa fue el suplemento Clarín Rural. Lo que debería constar junto a cada nota de su director, el próspero ingeniero Héctor Huergo, es que tiene interés directo en la cuestión, dado que al mismo tiempo preside la Asociación Argentina de Biodiesel e Hidrógeno. Además, uno de los accionistas de Clarín es el principal exportador argentino de arroz. Clarín y La Nación también son socios en otra empresa, Expoagro, donde presentan sus bienes y servicios los grandes actores del agronegocio, como Monsanto, Cargill, Dreyfus, Syngenta o Bunge. Este año ocupó una superficie de 600 hectáreas, nada más que por venta de entradas se pagaron 800.000 €, allí se concretaron ventas de maquinarias y vehículos por € 110 millones y se acordaron créditos bancarios por € 63 millones. Nada de ello fue informado por ambos diarios-socios del sector en conflicto. Cuando publiqué esta información escribí en PáginaI12 que al Foro de Periodistas Éticos, FOPEA, no le preocupó esta cruda connivencia de intereses. Los colegas de FOPEA me respondieron con preocupación que sí se habían pronunciado: dijeron que tanto las empresas de medios como sus avisadores agropecuarios presionaban a los periodistas para que su cobertura fuera adversa a la posición oficial. Pero ningún medio publicó su comunicado. Como también el gobierno presiona a periodistas en el sentido contrario, se afecta el acceso de la sociedad a la información, “sin que medien intereses particulares que puedan condicionarla”, dijeron los periodistas éticos. El gobierno no se privó de zamarrear a Clarín por su cobertura tendenciosa y el resultado fueron dos caídas paralelas, en la popularidad de la presidente CFK y en la capitalización bursátil de las acciones del Grupo Clarín: en lo que va de este año perdieron el 38 por ciento de su valor. Para la democracia es tan vital la fiscalización del poder por los medios de comunicación como la certeza de que esos medios defienden el interés de las grandes mayorías y no el de sectores con los que están asociados o de los que forman parte.
* Extractado de la ponencia presentada en el seminario sobre medios y democracia, organizado por la FNPI en Madrid.
viernes, 16 de mayo de 2008
POR BRAGA MENENDEZ.
Recuerdo que al poco tiempo de asumir Kirchner, se armó una especie de catástrofe nacional porque el Presidente no había podido atender a la Nº 1 mundial de Hewlett Packard. A la gente del pueblo le importaba mucho más que el Presidente continuara con el vértigo de intentar sacar al país del marasmo, creando miles de puestos de trabajo, reduciendo la deuda externa, etc. Yo no podía creer que se hiciera tremendo escándalo por tamaña estupidez. El terror básico era ¿qué van a pensar de nosotros en EEUU? ¿nos confundirán con un país bananero? ¿se darán cuenta de que somos un país de segunda? Pobre gente. Observando y evaluando a su propio y querido país, desde la mirada del otro (por supuesto el otro era EEUU; no Bolivia, Ecuador o Guatemala). Al poco tiempo Grondona y Longobardi me tuvieron 40 minutos en un programa de TV interrogándome indignados por qué K no había ido al velorio del Papa. Ciento setenta países no fueron al velorio del Papa, sólo aquí algunos intentaron fabricar con eso una tragedia.
También tuvimos el desaire a la Reina de Holanda, a Putin, al Presidente de Vietnam, a la maravillosa empresa Shell (que aprovisionaba a los barcos ingleses que venían a atacar Malvinas), la parada de carro a Bush en Mar del Plata, a los “economistas” que habían pronosticado que el canje de deuda sería un papelón y K los mencionó con nombre y apellido el día que anunció el éxito, etc, etc.
En estos 5 años, mientras el país crecía y mejoraba en todos los guarismos, una minoría mediática y escandalosa no ahorró agresiones feroces y pronósticos apocalípticos mientras repetía con expresión impávida que el gobierno era “confrontativo”. Recuerden los Superpoderes, el Consejo de la Magistratura, los fondos de Santa Cruz en el exterior (los otros gobernadores se los patinaron -en el mejor de los casos- en gastos corrientes; mientras K los salvó y hoy se siguen haciendo obras en la Provincia con ese dinero), los decretos de necesidad y urgencia, los resonantes casos de corrupción (entre todos no suman el intento de coima que denunció el diputado kirchnerista Héctor Recalde que fue misteriosa y rápidamente silenciado por la prensa), la crisis energética que nunca se produjo, etc. Puedo seguir una hora enumerando esta vocación de algunos sectores argentinos por la autodestrucción. También tuvimos los que decían que todo lo que se hacía era por ser año “electoral” o “preelectoral”, que no había un plan (había que ser necio para no verlo); que el gobierno era un unicato hegemónico, autoritario e intolerante; que todos los presidentes de los países vecinos eran mucho mejores, que no había libertad de expresión, etc, etc.
No es una explicación o consuelo ante estos síntomas de suicidio colectivo, pero debemos saber que lo mismo hicieron con Perón (decían que era un energúmeno), Frondizi (decían que era comunista), Illia (decían que era una tortuga).
Hoy hay democracia y en consecuencia elecciones. Tendremos que soportarlos todo el período, en que no sólo no colaborarán a solucionar los problemas sino que ayudarán a empiojarlos. Festejarán con estruendo y a coro cada uno de sus alardes pírricos.
El país que se lo aguante.
Nosotros, gracias a las urnas, vamos a ponerlos nuevamente en su lugar cada 4 años.
También tuvimos el desaire a la Reina de Holanda, a Putin, al Presidente de Vietnam, a la maravillosa empresa Shell (que aprovisionaba a los barcos ingleses que venían a atacar Malvinas), la parada de carro a Bush en Mar del Plata, a los “economistas” que habían pronosticado que el canje de deuda sería un papelón y K los mencionó con nombre y apellido el día que anunció el éxito, etc, etc.
En estos 5 años, mientras el país crecía y mejoraba en todos los guarismos, una minoría mediática y escandalosa no ahorró agresiones feroces y pronósticos apocalípticos mientras repetía con expresión impávida que el gobierno era “confrontativo”. Recuerden los Superpoderes, el Consejo de la Magistratura, los fondos de Santa Cruz en el exterior (los otros gobernadores se los patinaron -en el mejor de los casos- en gastos corrientes; mientras K los salvó y hoy se siguen haciendo obras en la Provincia con ese dinero), los decretos de necesidad y urgencia, los resonantes casos de corrupción (entre todos no suman el intento de coima que denunció el diputado kirchnerista Héctor Recalde que fue misteriosa y rápidamente silenciado por la prensa), la crisis energética que nunca se produjo, etc. Puedo seguir una hora enumerando esta vocación de algunos sectores argentinos por la autodestrucción. También tuvimos los que decían que todo lo que se hacía era por ser año “electoral” o “preelectoral”, que no había un plan (había que ser necio para no verlo); que el gobierno era un unicato hegemónico, autoritario e intolerante; que todos los presidentes de los países vecinos eran mucho mejores, que no había libertad de expresión, etc, etc.
No es una explicación o consuelo ante estos síntomas de suicidio colectivo, pero debemos saber que lo mismo hicieron con Perón (decían que era un energúmeno), Frondizi (decían que era comunista), Illia (decían que era una tortuga).
Hoy hay democracia y en consecuencia elecciones. Tendremos que soportarlos todo el período, en que no sólo no colaborarán a solucionar los problemas sino que ayudarán a empiojarlos. Festejarán con estruendo y a coro cada uno de sus alardes pírricos.
El país que se lo aguante.
Nosotros, gracias a las urnas, vamos a ponerlos nuevamente en su lugar cada 4 años.
domingo, 11 de mayo de 2008
jueves, 8 de mayo de 2008
por artemio lopez.
opinión pública , medios y centro derecha democrática
Un par de ideas ligeras y en borrador para ver qué opinan. Son días de crisis política, es absolutamente así. Repasemos esto.
1.
Cuando un cuarto de millón de vecinos incandescentes acompañaron a Blumberg y al Rabino chic, que con furia adolescente hasta cambió la letra del Himno en su reclamo de mano durísima frente al entonces principal problema nacional -ya no lo es más, claro- , la sensación de estar frente a un momento fundacional de la República, envolvió a la "opinión pública". Multitudes modeladas en su extensión y unidad por los medios masivos de difusión ocuparon así el espacio público haciendo las veces de oposición política, entonces también inexistente, proyectando al escenario político nacional a un emergente social que poco después reveló su inconsistencia y fue lo que Blumberg fue .
2.
Cuando un sector social y productivo cuyo núcleo más dinámico (el más eficiente y productivo) propone un fuerte retroceso sino desaparición lisa y llana de la intervención del estado en la economía -salvo para garantizarle rentabilidad en momentos difíciles que ya vendrán-, la misma "opinión pública", construida e impulsada por los medios de comunicación masivos y nuevamente con la ausencia absoluta de la oposición política en escena, acompaña otra vez un movimiento de masas cuyo emergente mediático más notorio es de tanta estrechez político-ideológica que asume públicamente, entre otras linduras, la existencia en los piquetes de "grupos armados" para defenderse del gobierno democrático.
Es ya evidente que resulta imprescindible para la estabilidad del sistema institucional la consolidación nacional de un partido de centro derecha democrático capaz de representar, de manera sistemática, ordenada y sujeta a reglas constitucionales, a la "opinión pública", hoy sólo constituida en su unidad y masividad por los medios de difusión. Medios que "representan" este vacío, no en tanto su trayectoria meramente ideológica que no es lo esencial -pueden convivir ahí desde Morales Solá hasta Tenembaum, que no interesa nada al punto que intentamos desarrollar acá-, sino en este sentido teóricamente menos pretencioso que divagar sobre la ideología de los medios, desde luego más acotado, pero muy preciso: dada la ampliación indefinida de las fronteras de negocios de los grupos económicos que son propietarios del plexo informativo nacional hacia actividades diversas -productivas, financieras, etc.- actúan genuinamente como grupos económicos diversificados que, en su modalidad de "informar", reproducen y amplían intereses materiales concretos, los propios y los de su "cadena de valor", digamos, razón por la cual son refractarios a cualquier experiencia de reforma esencial que afecte de manera concreta sus intereses y/o la de sus socios.
Se trata de reconstruir entonces un espacio político electoral competitivo que se haga cargo de la demanda de seguridad y libertad económica, desaparición de la intervención estatal en la economía y otros temas clásicos de la agenda de centro derecha que no encuentran aún su lugar en el sistema partidario.
En este sentido, la consolidación del PRO es vital y muy favorable a la estabilidad institucional y a la modernización del sistema político argentino, cuya característica central es la ausencia de oposición política con capacidad de gobierno y la aparición espasmódica en su reemplazo de "la opinión pública", un mal sucedáneo de la necesaria, vital e institucionalmente estabilizadora consolidación de un partido de centro derecha democrática.
En sentido opuesto, el polo de centro izquierda, perdida la hegemonía kirchnerista del espacio, está hoy en disputa. Se alinean ahí varios actores: desde el actual oficialismo en parte sacudido por su propia práctica, hasta la Coalición Cívica en su versión más progresista -que la tiene y hay que buscarla- , o la eventual "alternativa Binner", con el agregado de otros espacios menores como el de las izquierdas más tradicionales o la izquierda populista que encabezan Solanas y Lozano y el ARI autónomo, que parecen más bien destinados a articularse con espacios progresistas mayores o, en su defecto, construir alternativas testimoniales a las dos grandes opciones que el sistema político nacional debiera construir y, para bien de todos, probablemente lo haga a mediano plazo. Atenta Gabriela...: ¡¡en 2009 hay que jugar!!
Un par de ideas ligeras y en borrador para ver qué opinan. Son días de crisis política, es absolutamente así. Repasemos esto.
1.
Cuando un cuarto de millón de vecinos incandescentes acompañaron a Blumberg y al Rabino chic, que con furia adolescente hasta cambió la letra del Himno en su reclamo de mano durísima frente al entonces principal problema nacional -ya no lo es más, claro- , la sensación de estar frente a un momento fundacional de la República, envolvió a la "opinión pública". Multitudes modeladas en su extensión y unidad por los medios masivos de difusión ocuparon así el espacio público haciendo las veces de oposición política, entonces también inexistente, proyectando al escenario político nacional a un emergente social que poco después reveló su inconsistencia y fue lo que Blumberg fue .
2.
Cuando un sector social y productivo cuyo núcleo más dinámico (el más eficiente y productivo) propone un fuerte retroceso sino desaparición lisa y llana de la intervención del estado en la economía -salvo para garantizarle rentabilidad en momentos difíciles que ya vendrán-, la misma "opinión pública", construida e impulsada por los medios de comunicación masivos y nuevamente con la ausencia absoluta de la oposición política en escena, acompaña otra vez un movimiento de masas cuyo emergente mediático más notorio es de tanta estrechez político-ideológica que asume públicamente, entre otras linduras, la existencia en los piquetes de "grupos armados" para defenderse del gobierno democrático.
Es ya evidente que resulta imprescindible para la estabilidad del sistema institucional la consolidación nacional de un partido de centro derecha democrático capaz de representar, de manera sistemática, ordenada y sujeta a reglas constitucionales, a la "opinión pública", hoy sólo constituida en su unidad y masividad por los medios de difusión. Medios que "representan" este vacío, no en tanto su trayectoria meramente ideológica que no es lo esencial -pueden convivir ahí desde Morales Solá hasta Tenembaum, que no interesa nada al punto que intentamos desarrollar acá-, sino en este sentido teóricamente menos pretencioso que divagar sobre la ideología de los medios, desde luego más acotado, pero muy preciso: dada la ampliación indefinida de las fronteras de negocios de los grupos económicos que son propietarios del plexo informativo nacional hacia actividades diversas -productivas, financieras, etc.- actúan genuinamente como grupos económicos diversificados que, en su modalidad de "informar", reproducen y amplían intereses materiales concretos, los propios y los de su "cadena de valor", digamos, razón por la cual son refractarios a cualquier experiencia de reforma esencial que afecte de manera concreta sus intereses y/o la de sus socios.
Se trata de reconstruir entonces un espacio político electoral competitivo que se haga cargo de la demanda de seguridad y libertad económica, desaparición de la intervención estatal en la economía y otros temas clásicos de la agenda de centro derecha que no encuentran aún su lugar en el sistema partidario.
En este sentido, la consolidación del PRO es vital y muy favorable a la estabilidad institucional y a la modernización del sistema político argentino, cuya característica central es la ausencia de oposición política con capacidad de gobierno y la aparición espasmódica en su reemplazo de "la opinión pública", un mal sucedáneo de la necesaria, vital e institucionalmente estabilizadora consolidación de un partido de centro derecha democrática.
En sentido opuesto, el polo de centro izquierda, perdida la hegemonía kirchnerista del espacio, está hoy en disputa. Se alinean ahí varios actores: desde el actual oficialismo en parte sacudido por su propia práctica, hasta la Coalición Cívica en su versión más progresista -que la tiene y hay que buscarla- , o la eventual "alternativa Binner", con el agregado de otros espacios menores como el de las izquierdas más tradicionales o la izquierda populista que encabezan Solanas y Lozano y el ARI autónomo, que parecen más bien destinados a articularse con espacios progresistas mayores o, en su defecto, construir alternativas testimoniales a las dos grandes opciones que el sistema político nacional debiera construir y, para bien de todos, probablemente lo haga a mediano plazo. Atenta Gabriela...: ¡¡en 2009 hay que jugar!!
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es asi nomas che....
sábado, 3 de mayo de 2008
puntos de vista.
Por José Pablo Feinmann
No hay debate de ideas. Lo que se expone sirve para propulsar intereses, ocultándolos. Cuando uno cree que va a encontrar ideas se topa con textos de relevante pobreza. Son tiempos devaluados. En ese aspecto. En otros, son tiempos de furiosa beligerancia. Pocas veces –salvo en jornadas inminentes a golpes de Estado–, el periodismo jugó un papel tan importante, tan brutal, tan parcial como en estos momentos. Todo el periodismo –no sé cuál será la excepción, seguramente este diario, al que todos agreden como oficialista o directamente servil: vivimos en la época de los agravios, no de las ideas– apunta sus dardos contra el Gobierno. El nivel de ideas, de conceptos, de análisis es tan pobre, que no hay con quien polemizar. Si uno, hoy, dice: “Las retenciones al agro, por medio de un Gobierno con tenues tendencias a intervenir en la economía, son importantes para una paulatina redistribución de la riqueza, aun cuando, como todos sabemos, ese Gobierno no quiere ir más allá de un proyecto democrático, capitalista, con toques de distribucionismo, de un keynesianismo que lo acerca, aunque levemente, al Estado de Bienestar del primer peronismo, el que se explayó, sobre todo, entre 1946-1952”, uno pasa un lunes tranquilo, el teléfono suena poco, no lo agreden en las radios, ningún medio de lumpen-periodismo le discute algo. Primera causa: porque no entendieron casi nada. Segunda causa: si entendieron algo, temen discutir en esos términos. Si uno, en cambio, dice: “El llamado ‘campo’ es proto-golpista”, lo llaman de todos lados, o no lo llaman y lo agreden, lo insultan, a los diez minutos de “proto-golpismo” se pasó directamente a “golpismo” y ahí están todos opinando, lengüeteando palabras a diestra y siniestra, todos grandes profesores, grandes opinólogos, grandes, en fin, formadores de opinión. Que eso, es cierto, es en lo que se han convertido. Convencen a “la gente” de cualquier cosa. Todos enemigos de un Gobierno que, en el mayor error que cometió, en un error acaso suicida, les regaló los medios. Ese error puede ser grave –no sólo para este Gobierno– sino para la democracia de este país. Porque lo que a través de ellos se explicita es el racismo, el odio de clases, el odio a la negrada, el odio a los inmigrantes, un machismo repugnante que late en todos los agravios a la Presidenta (que se formulan, ante todo, agraviando su condición de mujer, de aquí que se le diga “neurótica”, “histérica” o “que habla con un tonito que no se aguanta”), el apoyo a todos los que se enfrentan a un Gobierno elegido democráticamente y cuya legalidad, aun en medio de sus feroces ataques, debieran aclarar que respetan. Imposible: es hablar en el desierto. Se trata de una cruzada sin retorno.
No tengo espacio aquí para entrar en la cuestión populismo-mercado (que es la antinomia que hoy realmente está en juego), porque el tema es para ser desarrollado extensamente. Hoy, en este diario, si alguien quiere leerlo, ese tema está: en el suplemento que publico domingo tras domingo, hoy, sus dos primeros parágrafos abordan esta cuestión. El primero lleva por título: Pasado y presente de la batalla entre el intervencionismo estatal y el libre mercado. El segundo: La palabra clave de la distribución del ingreso: “retención”. Mi contratapa, hoy, es ésa. No es casual. Le estoy dedicando un amplio espacio al golpe de 1955 porque, en él, todo está prefigurado. También lo que pasa hoy. En el plano económico, el golpe de 1955 vino para destruir el intervencionismo estatal peronista (expresado, sobre todo, por el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio, IAPI) e implantar la economía de la libertad absoluta del mercado respaldada por el apoyo financiero externo, ya que es, en ese momento, cuando nuestro país ingresa al Fondo Monetario Internacional.
Ante la pasmosa pobreza conceptual recibí con alegría una nota de Eduardo Grüner, publicada en este diario. Admiro a Grüner y he leído con pasión sus libros. Es profesor de Teoría Política y de Sociología del Arte en la Universidad de Buenos Aires. La gente conoce más a Chiche Gelblung que a él, desde luego. Pero así es “la gente”.
Grüner señala que las medidas tomadas “por uno de los sectores más concentrados de la clase dominante argentina” son “sobredimensionadas, extorsivas, objetivamente reaccionarias, y actuadas en muchos casos con un discurso y una ideología proto-golpista, clasista y aun racista”. Totalmente de acuerdo. El sector de la clase dominante o, si usted prefiere, de la clase dirigente o, para ahondar más la cuestión, del “establishment”, de eso que es, realmente, el Poder y no el Gobierno (con lo cual les señalamos a ciertos progres, que creen estar luchando contra el Poder desde la “libertad de prensa”, que no lo están haciendo, ya que el Gobierno, lejos, muy lejos, está de ser el Poder sino que sólo es el Gobierno), que está enfrentando al Gobierno que preside Cristina F. es el sector agrario, encabezado por la Sociedad Rural y utilizando como tropa a los llamados “pequeños productores” que, al haberse encolumnado con los poderosos, revelan que son pequeños muy a su pesar y que no lucharán contra los grandes sino que buscan ser como ellos. Ninguno de los “pequeños” habría engrosado la manifestación de los “grandes”, ni siquiera un almacenero, si quisiera en verdad ser diferente de los “dueños de la tierra”, pero no. Quieren dejar de ser peones de los grandes y pasar a ser patrones de sus peones propios. Actúan como clase media que son. La clase media teme “bajar” y ser clase baja, negrada, clase obrera o excluida social, quiere trepar y ser clase alta. La “unidad” del 2001 fue una ilusión hiper-momentánea. “Piquetes, cacerolas, la lucha es una sola.” No, la lucha no es una sola. La clase media juega a favor del establishment porque ésa es su meta en la vida: trepar en la escala social. La unidad con los piquetes del 2001 fue una medida coyuntural de supervivencia. Ahora está donde quiere estar: caceroleando para los dueños de la tierra, para la Sociedad Rural, dándole cuerpo a la protesta, espesor, ruido y cierta masividad. (A propósito: olvidarse de la “cacerola”. La “cacerola” nació como instrumento de las señoras bien de Chile para derrocar al comunista Allende y traer al democrático Pinochet. Nunca me gustó la cacerola aquí, en el país. Siempre me olió a conchetaje chileno. A septiembre de 1973. Al preludio de la masacre chilena, que fue el preludio de la nuestra.)
Grüner, creo, se equivoca cuando escribe: “En fin, no estamos –hay que ser claros– ante una batalla entre dos ‘modelos de país’; el modelo del Gobierno no es sustancialmente distinto al de la Sociedad Rural”. ¿No? ¿Y todo este desmadre, entonces, por qué? Grüner dice que el proyecto del Gobierno y el de la Sociedad Rural son sustancialmente no-distintos porque los dos son capitalistas. Califica al Gobierno de “reformista-burgués”. ¿Y qué podría ser? ¿Lo que dice algún jovencito del PO, que acaba de leer el Manifiesto Comunista? ¿Debería ser revolucionario socialista? Hoy, un gobierno reformista burgués es mucho más de lo que la Sociedad Rural, todo el establishment y los Estados Unidos están dispuestos a aceptar en América latina. Al reformismo burgués le dicen populismo y, para ellos, es la peste. Grüner (que está a infinita distancia intelectual de cualquier jovencito que asoma al mundo de la politología) lo sabe y se rectifica a sí mismo. Lo que aquí se juega es un choque entre “lo que hay” y “algo mucho peor”. Entre un gobierno populista, con tendencias a la distribución del ingreso y al intervencionismo de Estado, y la más rancia, la más poderosa, la más represiva derecha de América latina. Es cierto que “a lo que hay” hay que pedirle que sea más. Pero no ahora. Ahora “lo que hay” es, para la derecha, intolerable. Y busca desestabilizarlo, cuanto menos. De aquí que, Eduardo, porque es mi amigo, es mi compadre aunque tengamos diferencias, que son menores ante los monstruos que nos amenazan, aclara que no está a favor del Gobierno sino en contra “de intentonas que a esta altura ya nadie puede dudar (...) que son ‘desestabilizadoras’, ‘golpistas’, ‘reaccionarias’”. Y aclara que no debemos equivocarnos “sobre dónde está el peligro mayor”. Inútil, Eduardo, que insistas tanto en decir que no estás “a favor” del Gobierno. Sólo con lo que dijiste la ralea comunicacional y la derecha te tildarán de “cristinista”, “kirchnerista” y, lo siento, “peronista”. Son así.
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No hay debate de ideas. Lo que se expone sirve para propulsar intereses, ocultándolos. Cuando uno cree que va a encontrar ideas se topa con textos de relevante pobreza. Son tiempos devaluados. En ese aspecto. En otros, son tiempos de furiosa beligerancia. Pocas veces –salvo en jornadas inminentes a golpes de Estado–, el periodismo jugó un papel tan importante, tan brutal, tan parcial como en estos momentos. Todo el periodismo –no sé cuál será la excepción, seguramente este diario, al que todos agreden como oficialista o directamente servil: vivimos en la época de los agravios, no de las ideas– apunta sus dardos contra el Gobierno. El nivel de ideas, de conceptos, de análisis es tan pobre, que no hay con quien polemizar. Si uno, hoy, dice: “Las retenciones al agro, por medio de un Gobierno con tenues tendencias a intervenir en la economía, son importantes para una paulatina redistribución de la riqueza, aun cuando, como todos sabemos, ese Gobierno no quiere ir más allá de un proyecto democrático, capitalista, con toques de distribucionismo, de un keynesianismo que lo acerca, aunque levemente, al Estado de Bienestar del primer peronismo, el que se explayó, sobre todo, entre 1946-1952”, uno pasa un lunes tranquilo, el teléfono suena poco, no lo agreden en las radios, ningún medio de lumpen-periodismo le discute algo. Primera causa: porque no entendieron casi nada. Segunda causa: si entendieron algo, temen discutir en esos términos. Si uno, en cambio, dice: “El llamado ‘campo’ es proto-golpista”, lo llaman de todos lados, o no lo llaman y lo agreden, lo insultan, a los diez minutos de “proto-golpismo” se pasó directamente a “golpismo” y ahí están todos opinando, lengüeteando palabras a diestra y siniestra, todos grandes profesores, grandes opinólogos, grandes, en fin, formadores de opinión. Que eso, es cierto, es en lo que se han convertido. Convencen a “la gente” de cualquier cosa. Todos enemigos de un Gobierno que, en el mayor error que cometió, en un error acaso suicida, les regaló los medios. Ese error puede ser grave –no sólo para este Gobierno– sino para la democracia de este país. Porque lo que a través de ellos se explicita es el racismo, el odio de clases, el odio a la negrada, el odio a los inmigrantes, un machismo repugnante que late en todos los agravios a la Presidenta (que se formulan, ante todo, agraviando su condición de mujer, de aquí que se le diga “neurótica”, “histérica” o “que habla con un tonito que no se aguanta”), el apoyo a todos los que se enfrentan a un Gobierno elegido democráticamente y cuya legalidad, aun en medio de sus feroces ataques, debieran aclarar que respetan. Imposible: es hablar en el desierto. Se trata de una cruzada sin retorno.
No tengo espacio aquí para entrar en la cuestión populismo-mercado (que es la antinomia que hoy realmente está en juego), porque el tema es para ser desarrollado extensamente. Hoy, en este diario, si alguien quiere leerlo, ese tema está: en el suplemento que publico domingo tras domingo, hoy, sus dos primeros parágrafos abordan esta cuestión. El primero lleva por título: Pasado y presente de la batalla entre el intervencionismo estatal y el libre mercado. El segundo: La palabra clave de la distribución del ingreso: “retención”. Mi contratapa, hoy, es ésa. No es casual. Le estoy dedicando un amplio espacio al golpe de 1955 porque, en él, todo está prefigurado. También lo que pasa hoy. En el plano económico, el golpe de 1955 vino para destruir el intervencionismo estatal peronista (expresado, sobre todo, por el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio, IAPI) e implantar la economía de la libertad absoluta del mercado respaldada por el apoyo financiero externo, ya que es, en ese momento, cuando nuestro país ingresa al Fondo Monetario Internacional.
Ante la pasmosa pobreza conceptual recibí con alegría una nota de Eduardo Grüner, publicada en este diario. Admiro a Grüner y he leído con pasión sus libros. Es profesor de Teoría Política y de Sociología del Arte en la Universidad de Buenos Aires. La gente conoce más a Chiche Gelblung que a él, desde luego. Pero así es “la gente”.
Grüner señala que las medidas tomadas “por uno de los sectores más concentrados de la clase dominante argentina” son “sobredimensionadas, extorsivas, objetivamente reaccionarias, y actuadas en muchos casos con un discurso y una ideología proto-golpista, clasista y aun racista”. Totalmente de acuerdo. El sector de la clase dominante o, si usted prefiere, de la clase dirigente o, para ahondar más la cuestión, del “establishment”, de eso que es, realmente, el Poder y no el Gobierno (con lo cual les señalamos a ciertos progres, que creen estar luchando contra el Poder desde la “libertad de prensa”, que no lo están haciendo, ya que el Gobierno, lejos, muy lejos, está de ser el Poder sino que sólo es el Gobierno), que está enfrentando al Gobierno que preside Cristina F. es el sector agrario, encabezado por la Sociedad Rural y utilizando como tropa a los llamados “pequeños productores” que, al haberse encolumnado con los poderosos, revelan que son pequeños muy a su pesar y que no lucharán contra los grandes sino que buscan ser como ellos. Ninguno de los “pequeños” habría engrosado la manifestación de los “grandes”, ni siquiera un almacenero, si quisiera en verdad ser diferente de los “dueños de la tierra”, pero no. Quieren dejar de ser peones de los grandes y pasar a ser patrones de sus peones propios. Actúan como clase media que son. La clase media teme “bajar” y ser clase baja, negrada, clase obrera o excluida social, quiere trepar y ser clase alta. La “unidad” del 2001 fue una ilusión hiper-momentánea. “Piquetes, cacerolas, la lucha es una sola.” No, la lucha no es una sola. La clase media juega a favor del establishment porque ésa es su meta en la vida: trepar en la escala social. La unidad con los piquetes del 2001 fue una medida coyuntural de supervivencia. Ahora está donde quiere estar: caceroleando para los dueños de la tierra, para la Sociedad Rural, dándole cuerpo a la protesta, espesor, ruido y cierta masividad. (A propósito: olvidarse de la “cacerola”. La “cacerola” nació como instrumento de las señoras bien de Chile para derrocar al comunista Allende y traer al democrático Pinochet. Nunca me gustó la cacerola aquí, en el país. Siempre me olió a conchetaje chileno. A septiembre de 1973. Al preludio de la masacre chilena, que fue el preludio de la nuestra.)
Grüner, creo, se equivoca cuando escribe: “En fin, no estamos –hay que ser claros– ante una batalla entre dos ‘modelos de país’; el modelo del Gobierno no es sustancialmente distinto al de la Sociedad Rural”. ¿No? ¿Y todo este desmadre, entonces, por qué? Grüner dice que el proyecto del Gobierno y el de la Sociedad Rural son sustancialmente no-distintos porque los dos son capitalistas. Califica al Gobierno de “reformista-burgués”. ¿Y qué podría ser? ¿Lo que dice algún jovencito del PO, que acaba de leer el Manifiesto Comunista? ¿Debería ser revolucionario socialista? Hoy, un gobierno reformista burgués es mucho más de lo que la Sociedad Rural, todo el establishment y los Estados Unidos están dispuestos a aceptar en América latina. Al reformismo burgués le dicen populismo y, para ellos, es la peste. Grüner (que está a infinita distancia intelectual de cualquier jovencito que asoma al mundo de la politología) lo sabe y se rectifica a sí mismo. Lo que aquí se juega es un choque entre “lo que hay” y “algo mucho peor”. Entre un gobierno populista, con tendencias a la distribución del ingreso y al intervencionismo de Estado, y la más rancia, la más poderosa, la más represiva derecha de América latina. Es cierto que “a lo que hay” hay que pedirle que sea más. Pero no ahora. Ahora “lo que hay” es, para la derecha, intolerable. Y busca desestabilizarlo, cuanto menos. De aquí que, Eduardo, porque es mi amigo, es mi compadre aunque tengamos diferencias, que son menores ante los monstruos que nos amenazan, aclara que no está a favor del Gobierno sino en contra “de intentonas que a esta altura ya nadie puede dudar (...) que son ‘desestabilizadoras’, ‘golpistas’, ‘reaccionarias’”. Y aclara que no debemos equivocarnos “sobre dónde está el peligro mayor”. Inútil, Eduardo, que insistas tanto en decir que no estás “a favor” del Gobierno. Sólo con lo que dijiste la ralea comunicacional y la derecha te tildarán de “cristinista”, “kirchnerista” y, lo siento, “peronista”. Son así.
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martes, 26 de febrero de 2008
BAILARINA EN LA OSCURIDAD.
ESTE ES UN RETAZO,DE LA MAGNIFICA PELÍCULA DIRIGIDA POR EL EL GENIAL, LARS VON TRIER,Y PROTAGONIZADA POR BJORK,QUIEN AQUÍ DEMUESTRA QUE NO ES SOLO UNA GRAN CANTANTE E INTERPRETE,SINO,QUE TAMBIÉN ES UNA MUY BUENA ACTRIZ,LA PELÍCULA ES DEL AÑO 2000,ES INNOVADORA EN MUCHOS ASPECTOS,PERO SOBRE TODO EN EL REGISTRO SUMAMENTE DRAMÁTICO, INUSUAL EN LOS MUSICALES DEL LOS AÑOS 40 Y 50 A LOS QUE LA PELÍCULA HACE CONSTANTES REFERENCIAS,PARA LOS AMANTES DEL BUEN CINE Y SOBRE TODO DE LOS MUSICALES, PODERDECUARTA LA RECOMIENDA SIN TEMOR A EQUIVOCARSE.
lunes, 25 de febrero de 2008
PERFIL,una vez mas.
en su columna del pasado sábado titulada,''FIDEL Y EL PERONISMO'', en el''independiente'',prístino,impoluto,y grandioso diario PERFIL, el afamado''analista'',ROSENDO FRAGA,se vuelve a equivocar,esto no es lo raro,de hecho lo viene haciendo bastante seguido desde hace años,lo llamativo es que ningún editor del diario lo haya notado...ni el mismísimo FONTEVECCHIA,si tampoco el..a quien nada se le escapa.veamos...en la nota ROSENDO sostiene que FIDEL salvo su vida milagrosamente,gracias a las gestiones y acciones de la embajada argentina en VENEZUELA,cuando en los días del llamado''CARACAZO''era buscado por las fuerzas de seguridad venezolanas,que lo acusaban de activista y promotor de estos disturbios,
ROSENDO confunde CARACAZO con BOGOTAZO.no solo son dos hechos absolutamente distintos,en paises distintos,si no que para colmo se dan con la pequeña diferencia de 41 años,que no es poca cosa.
el BOGOTAZO se da en 1948,con el asesinato del candidato GAITAN.y es el comienzo de la guerra civil colombiana que ya lleva 60 años.
el CARACAZO ocurre en 1989.y es el fin de un sistema político nacido con el pacto de punto fijo,y el comienzo de la carrera política de HUGO CHAVEZ.
se supone que en un diario una nota antes de salir publicada pasa por lo menos por tres manos,redactores,correctores,editores,se equivoco ROSENDO,no es tan grave,a todos nos pasa, y por ahí también la edad le esta pasando factura,lo raro es que en el ''NON PLUS ULTRA'' del periodismo nacional,nadie pero nadie, se lo haya hecho notar.marche un mapa y un libro de historia para PERFIL.
ROSENDO confunde CARACAZO con BOGOTAZO.no solo son dos hechos absolutamente distintos,en paises distintos,si no que para colmo se dan con la pequeña diferencia de 41 años,que no es poca cosa.
el BOGOTAZO se da en 1948,con el asesinato del candidato GAITAN.y es el comienzo de la guerra civil colombiana que ya lleva 60 años.
el CARACAZO ocurre en 1989.y es el fin de un sistema político nacido con el pacto de punto fijo,y el comienzo de la carrera política de HUGO CHAVEZ.
se supone que en un diario una nota antes de salir publicada pasa por lo menos por tres manos,redactores,correctores,editores,se equivoco ROSENDO,no es tan grave,a todos nos pasa, y por ahí también la edad le esta pasando factura,lo raro es que en el ''NON PLUS ULTRA'' del periodismo nacional,nadie pero nadie, se lo haya hecho notar.marche un mapa y un libro de historia para PERFIL.
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