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domingo, 3 de enero de 2010

se tiran conmigo



Estoy mirando de frente, pasar la vida fulera
Deambulando, sin un cobre, sin tener dónde dormir,
Los amigos no se arriman, se florean con gambetas
La mina no quiere “lola”, se entreveró con un gil.
Los últimos tristes mangos, traté de multiplicarlos
Jugándole a Leguisamo, por un pescuezo perdió,
Y en la carrera siguiente le aposté a Rubén Quinteros
Y el “maestro” sobre el disco, del todo me amasijó.

Y hasta mi viola querida
También se tira conmigo,
Ya no escucho más sus trinos
Sus cuerdas no aguantan más.
Y el patrón de casa, chivo
Mi bulín ha empaquetado,
Sus puertas me ha clausurado
Por no poderle abonar.

Nunca vi en mi vida rea, tanta mishiadura junta,
"No la veo", ni siquiera por una casualidad,
La providencia está ausente y hasta el botón de la esquina
Me mira como diciendo: “¿En qué cosas andarás?”
Pobre, la piba del quiosco, que todas las tardecitas
Me daba los cigarrillos, de sotamanga, al pasar,
Un chabón que nunca falta, hizo correr la bolilla
El viejo la campanea y ya ni puedo fumar.

Y el corazón amurado
Me está tirando la bronca,
Aguantáte, no seas boncha
Que, si no, pierdo la fe.
Si hasta la luz del bulín
Con la contra corre en yunta,
Por falta de “menesunda”
Que se llama... querosén...

historias de vida, en fin.......


periodismo en serio,no el de TNbaum o  Nelson Castro, ACÁ

saludos.

viernes, 11 de diciembre de 2009

De enanos enanos y de enanos gigantes

Por Orlando Barone:
Muy buena la caricatura de Daniel Scioli en la cual Hermenegildo Sábat ilustra en Clarín una nota en contra de la reforma política en la provincia de Buenos Aires. Fue el martes 8: Sábat dibuja a un Scioli forzadamente sonriente haciendo con su mano izquierda la “V” de la victoria, con los pantalones caídos sobre sus zapatos, mientras sus piernas desnudas, en ridículo, lo exponen cómicamente en calzoncillos. Se bajó los pantalones por la presión de Néstor Kirchner. Eso dice el mensaje de Sábat. Cada día, cada dibujo del artista es más coincidente con la línea editorial del grupo. Su talento demuestra como nunca qué cómodo se siente su arte en el diario donde se expresa. Por eso le salen tan bien las caricaturas antikirchneristas.
También al Papa deberían salirle bien todas sus parábolas o alegorías. Sin embargo, esta semana se expresó en contra de los medios de comunicación de masas, y la noticia  fue relegada a títulos mucho menos rotundos que cuando denuncia el escándalo de la corrupción o la pobreza. Dijo en su homilía sobre la Eucaristía, en Roma: “Los medios cuentan el mal repetido, amplificado, acostumbrándonos a las cosas más horribles, convirtiéndonos en insensibles y, de alguna manera, intoxicando nuestros corazones”.
Y eso que todavía no había aparecido la familia Pomar, “toda muerta”. El desenlace cundió en cadena. Hay quienes se lamentaron de que no los encontraran antes, aunque la única ventaja habría sido que no se echaran a perder los cuerpos y que los medios no se dieran a la canilla libre de delirios. Los Pomar yacían desparramados entre yuyales, aunque ya habían sido desvalijados de su privacidad y de su moral con versiones periodísticas intencionadas y falsas, de las cuales nunca pudieron defenderse. Ya hay chistes que dicen que si la Bonaerense no pudo encontrar un auto inmóvil dado vuelta, menos podrá encontrar a los que se fugan en un auto con el chofer vivo y apretando el acelerador a fondo. De haber sido un crimen le hubiera venido mal al Gobierno, si es un accidente también. La ruta está poceada, no hay señalización, la curva es peligrosa, etcétera.
Y ahí está Fernando “Pino” Solanas en su papel de desenmascarador de impostores. Cada día se siente más cómodo en su posición antigobierno. “El kirchnerismo es un falso progresismo y un falso peronismo -dijo-. Mantiene a la mitad de los trabajadores en negro y se permite el saqueo de nuestros recursos naturales, mientras los intelectuales de Carta Abierta siguen callándose.” Se ve que no le gustan. En política se puede regresar del punto más lejano adonde alguien se haya ido. Pero Solanas y su grupo parecen haberse ido a tanta distancia del Gobierno que cuesta imaginar que logren reencontrar algún camino de regreso. En esta misma revista se trató, hace poco, el tema del alejamiento de la clase media y de las chances de que el oficialismo pudiera recomponer relaciones con ella. En Bolivia, después de su triunfo electoral, Evo Morales decía satisfecho que su reelección probaba que “la clase media, contrariando muchos pronósticos erróneos, lo había apoyado con el voto”. ¿Y aquí?
Interesante e inteligente análisis el de Ezequiel Adamovsky, historiador del Conicet. En su reciente libro de la editorial Planeta, Historia de la clase media argentina, explica el papel que le cabe a ésta en la  política. “La identidad de clase media -dice en una entrevista- nació como una marca antiperonista. En la Argentina se presupone que alguien de clase media no es peronista, así como se presupone que alguien del bajo pueblo lo es (…) Toda la historia nacional está marcada por esa tensión entre el proyecto que asocia al país con lo blanco, europeo, racional y moderno, y su contracara, los sectores plebeyos.”
Es cierto. Porque en sus manifestaciones públicas esa discordia estética y social queda establecida entre el pasamontañas del piquetero y las cacerolas de la militancia campestre. Aquel 2001 que los unió inesperadamente en la furia contra la Casa Rosada es ya pretérito. Fue una sublimación fantasiosa de la fraternidad sin prejuicios. Los más de treinta muertos de aquella marabunta no suman sus tumbas en las corrientes medias sino en las plebeyas. Más sencillamente uno podría hacer una segmentación gourmet, o una discriminación gastronómica relacionada con las próximas fiestas: sidra o champagne; pan dulce aglomerado o pan dulce de Plaza Mayor; chancho criado a zanja, asado en parrilla de alambre, o cochinillo estilo segoviano dorado en horno de barro y cortado a cuchara. Y, ¿por qué no?, plantearse la opción entre la Ciudad de Buenos Aires de la Mesa de Enlace o la de Luis D’Elía y Milagro Sala.
Quien no se plantea dudar respecto de Scioli y Stornelli es Horacio Verbitsky. El trágico desenlace de la familia Pomar le mereció este comentario en Página/12: “El hallazgo del automóvil y los cuatro cuerpos de la familia perdida son testimonio elocuente de la incapacidad del gobierno de Daniel Scioli y su ministro Carlos Stornelli para enfrentar el problema que ellos mismos instalan como el de mayor preocupación social: el de la inseguridad (…) El gobernador y su ministro estaban muy ocupados diseñando una reforma inconstitucional de las leyes provinciales (…) El ministro de Justicia, Ricardo Casal, que es tan perverso como Stornelli pero alfabeto, suprimió los artículos más groseros”.
Me parece que Verbitsky no lo traga a Stornelli. Supongo que hay viceversa. En casi todo la hay. El hombre daña al planeta y viceversa el planeta daña al hombre. La inequidad produce injusticia y viceversa las victimas de la injusticia producen víctimas de la inseguridad. No sé si la viceversa del enano fascista es el fascista gigante. Creo que ambos coexisten en tensión permanente. La Argentina es un reservorio vivo consciente o inconsciente. Uno sabe -o no sabe- que lo tiene dentro entremezclado y apaciguado democráticamente; pero al acecho de la oportunidad de salir a lucirse a la primera de cambio. Muchos hacemos el esfuerzo de ir empequeñeciéndolo, por vergüenza.
Hay enanos fascistas en la derecha y en la izquierda. Los hay aun entre miembros de minorías perseguidas. También en los niños recién nacidos hay enanos fascistas, ya que son congénitos. En un bebé ocupa en forma proporcional el espacio que una vez crecido, ocupa en un adulto. En la mayoría de edad es más natural que el enano se agigante y no que se enanice. Tengo miedo a que eso me esté sucediendo. Así como uno se cuida del colesterol, al primer síntoma del enano hay que empezar a controlarse.
Prometo desenanizarme antes de año nuevo. Quien no podrá hacerlo es Abel Posse. Imposible: lo que parece haber crecido en él no es un enano gigante sino todo un sujeto entero fascista. En el diario La Nación le dieron cuerda a su naturaleza el día jueves y Posse se luce escribiendo educadoramente lo siguiente: “ Sin embargo, con persistencia gramsciana, los guerrilleros que rodean a los K-aunque ya estaban generosamente indemnizados por sus derrotas de los 70- lograron afirmar la tarea de demoler a las Fuerzas Armadas, lograr que los policías se sientan más amenazados e inhibidos en la tarea represiva que los delincuentes en su agresión y que la justicia se ausente en este momento de crisis”. Cuánta nostalgia de libertad se le nota. Pensar que hace poco encontraron en Rusia restos del cráneo de Hitler como algo excepcional. Pero, si restos quedan por todas partes.

sábado, 28 de noviembre de 2009

El Matrimonio y crispa que te crispa

por Orlando Barone:

Qué miseria ese adicional de 350 pesos a los jubilados. Que les paguen el 82 por ciento móvil, si total sale todo de la caja. Y que expliquen el escándalo de Antonini. Y en lugar de la reforma política, ocúpense de la reforma moral. No persigan más al periodismo; persigan a los delincuentes. Basta de piqueteros: enciérrenlos. Encarcélenlos. A los pibes chorros, leña. Nada de terapia, condenas. Este somero resumen se derrama libremente entre una gran parte de la sociedad ya derramada.
Quien puso de moda la palabra “necedad” más que un actor es un lingüista. En una mesa de reina un lenguaje de reina. Aunque, si en lugar de necedad hubiera dicho “pelotudez” habría sonado menos metafórica y más genuinamente plebeya. Lo cierto es que si el derrame va por ese lado y no por otro, un escritor, para asegurarse el éxito de un libro, no debe dudar acerca de para qué target escribirlo. La temporada de playa exige literatura ligera.
Sí, acertaron: voy a escribir un libro antikirchnerista. En las librerías saldrá como corrupción caliente. Esto de la corrupción es algo que no entiendo: si en el Gobierno se están robando todo, más que todo cuanto se robaron desde el virrey Sobremonte hasta el corralito, ¿cómo hacen estos garcas del Gobierno para tener plata y disponer de la asignación universal a seis millones de chicos y el aporte extraordinario a cinco millones de jubilados? Para mí que deben estar fabricando billetes con alguna máquina impresora que le confiscaron a Gostanian. Se me ocurre el título para ese libro, El Matrimonio. Así a secas y cualquiera lo entiende. Porque la referencia a cualquier otro matrimonio habría que especificarla, matrimonio clásico, de divorciados, de homosexuales, de hermafroditas, etcétera. Hay de todo. Pero el matrimonio que inspira el libro es el que todos ya saben, desde Joaquín Morales Solá hasta Elisa Carrió. No simboliza la ya obvia combinación estándar de dos vidas y su consiguiente prole, sino que adquiere un  significado vincular políticamente temible. El Matrimonio -el libro- no requiere esclarecer su temática, si es prosa o poesía; si es de historia, de investigación o de denuncia. O de ficción, es decir, periodístico. Pensar que antes la ficción era un género de alta gama. Ahora, no. El periodismo ya se la ha apropiado definitivamente sin declararlo. Entonces -decía-, no hace falta ninguna advertencia a los lectores. Cualquiera enseguida se dará cuenta a qué se refiere el libro. Se va a consumir a destajo, porque su consumidor no va a leerlo sino sólo a comprarlo para odiarlo. Únicamente eso, será un libro cuyo target es el mercado del odio. No de clase, ni de ideología, ni de proyectos de país, sino odio al pedo. Odio por el odio, la banalidad del odio. Peor, la costumbre.
Al principio pensé en publicar un libro que se titulara El Campo. Desistí,  porque ya dejó de ser original y la palabra misma produce un profundo tedio carente de pasiones. El Matrimonio, en cambio, calienta.  Estoy entusiasmado con la idea de la tapa. Simularía el diseño dramático de un glaciar patagónico contaminado. Un glaciar turbio, casi negro. La imagen o la foto, para tener mayor carga abismal, debería haber sido captada por Pino Solanas. No hay como él para estas cuestiones colosales donde los seres estúpidos e inocentes
-la mayoría, nosotros- somos presa de una conspiración multiglobal y cósmico-espacial que está por saquear los elementos básicos del planeta: el agua y el aire. Lo que queda. Además, le agregaría como detalle un chiste de Nick para reírse, pero no precisamente del chiste. ¿Entienden? El prólogo se lo daría a escribir al cardenal Jorge Bergoglio para ver cómo se las arregla con las contradicciones.
Por un lado, la de defender la dogmática institución del matrimonio, por el otro, la de despotricar contra ese temible “matrimonio” que vino del frío mediante alguna parábola de múltiples significados, y por otro, la de abominar el matrimonio gay. Aunque esta abominación luce como un recurso para defender a Mauricio Macri, haciéndolo quedar como un joven equivocado, pero, que de tan democrático se adecua a las tendencias sociales aun asumiendo el descontento religioso.
El reto de Bergoglio a Macri fue una caricia, ya que le insufla unas inasibles moléculas progresistas que el sol del Este hará desaparecer rápidamente. En ese sermón clerical -sospechosamente teatralizado-, la Iglesia, a su vez, nos demuestra que no sólo se opone al Matrimonio porque el Tedeum de la Patria fue apartado de la escena, sino que también se opone al gobierno de la Ciudad, en franca demostración democrática. Una jugada pública digna del mejor alambique jesuítico. 
Sueño con que el primer capítulo de mi libro empiece así: “Cuando en El Calafate todavía no se corrompía ni robaba, y las únicas sombras que había eran las del bosque de abetos, y las puras tierras y sus límpidas aguas no habían sido estragadas por la codicia del ‘matrimonio’, nombrarlo remitía dulcemente a un paisaje feliz aún ajeno al saqueo moral e inmobiliario del que muchos años después sería víctima”. ¿Qué les parece? ¿No tiene un vago aire a Macondo? 
Para continuar con los estilos literarios recurro a Diario Popular que, contrariando los prejuicios que lo asociarían más al guiso y al chipá, se ocupa del estilo del chef Francis Mallmann observado en uno de sus épicos viajes gourmets por la estepa patagónica. Leo: “Cuando Mallmann se sentó sobre una roca a comer la ensalada, dijo: ‘Está como el día de hoy, deliciosa y peleadora. Hay una guerra en la boca producida por el ajo y el vinagre, y la armonía la intentan acercar la zanahoria y el apio...’” . La exquisitez logra su esplendor cuando el cocinero describió una hierba silvestre que incorporó a la ensalada. Dijo: “Amarga como el horizonte”. Pero Diario Popular no puede con sus genes prosaicos y concluye por su cuenta: “Sublime y poético como una milanesa de dulce de batata”. Igual me queda la incógnita acerca de cómo supo Mallman que el horizonte tiene gusto amargo.
Tampoco sé -me voy por las ramas- y es para mí una incógnita, por qué en La Plata no hay pollerías. No. Lo que hay son “pollajerías”. Vaya a saberse qué razonamiento idiomático hizo escuela allí y ha quedado así consagrado para nombrar a las pollerías. Disculpen, quise decir “pollajerías”.
Ya que estoy en la alimentación les anticipo lo que ya empezarán a anticipar los heraldos negros mediáticos para cagarle a la gente no sólo las fiestas de fin de año, sino para cagarle también las vísperas y las expectativas. No sea cosa que la gente se crea feliz aunque fuere un instante. Minga. Ni lo sueñen. Meta crispación y discordia. Ya desde ahora hay que ir anunciándole que va a aumentar el pollo. Y que cada vez vendrá más incoloro, inodoro e insípido, si eso es posible, porque más no se puede. Y además, que va a costar más caro que el lomo Y que el lomo también va a aumentar. Y el chancho. Y la merluza. Y hasta van a subir de precio las pasas de uva. Se van a vender de a una. Y, como broche negro, y aunque nadie lo tenga pensado para el menú de las fiestas, anunciar que el kilo de pulpo va a aumentar más que la bobina de Papel Prensa. ¿Más? Y sí, no les van a vender papel barato a esos diarios de mierda que no son diarios-diarios, como los de los socios propietarios. Para qué carajo tiene que haber más que nuestros dos diarios. A lo sumo, algún que otro diariucho provinciano maniatado a la bobina. El pulpo siempre sale caro. Todo sale caro, el optimismo estúpido o el pesimismo vivaracho; seguir las teorías tranquilizadoras de Leipzig o al contrario, las desoladoras de Schopenhauer.
O decir que éste es el mejor de los mundos, o que es el peor.
No hay duda de que la crispación es un estado de ánimo mediático. Al que esta crónica adhiere. Crispa que crispa el crispado, que se crispa solo sin que nadie lo crispe. Mejor será que la sigan chupando.


http://www.revistadebate.com.ar/
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